Johann Wolfgang Goethe

"Cuán insensato es el hombre que deja transcurrir el tiempo estérilmente."

Wednesday, January 18, 2012



Me despejé los mechones que se aventuraban por recubrir mi rostro para observar con mayor claridad lo que se desplegaba ante mí. Con disimulo observé aquella mañana maravillosa, iluminada y precipitadamente excitante.

Rubor en las mejillas, rimel en las pestañas, rojo en los labios, y un vestido negro que cubriese mis curvas.

Un chocolate ardiente junto a dos macarrons en la cafetería de en frente, y caminando me adentré en los vaivenes de las calles de Madrid. Recorrí con los tacones las numerosas vías hasta llegar al lugar.

Ahí estaba, aquel monumento en el que reina el silencio. Estanterías repletas de libros, sofás mullidos para disfrutar de una lectura apaciguante.

Giré la página 87, cuando sentí su mirada cautiva cernirse sobre mis manos.

Dejé reposar el libro sobre mis rodillas y consecuentemente nuestras miradas se unieron.

Una sonrisa se desplomó sin querer, y su esbelta figura trajeada se sostuvo escondiendo el temor.

Cogió mi mano con sutileza, y me alcé sin pensar, apresurándome hacia su sombra.
Saliendo juntos de la mano, fuimos a descubrir lo que nos deparaba aquel día.