Johann Wolfgang Goethe

"Cuán insensato es el hombre que deja transcurrir el tiempo estérilmente."

Wednesday, October 29, 2014

Al compás de mis dedos

De esto que estoy en el tren sin maquillar ni peinar, desaseada totalmente por las prisas. Con ojeras de caballo y la cara recién lavada. 
Él cruza el vagón y va directo hacia mi asiento, sin disimulo no arranca su mirada de la mía. Al menos huelo a perfume, pienso.
Con sus converse nuevas se cierne a mi lado y sin mediar palabra iniciamos una conversación de gestos para mí un tanto incómodos. 
Miro su barba con disimulo y su pelo alborotado negro y brillante. Me gustan sus manos grandes, su olor a gel de baño, sus ojos morenos llenos de seguridad. Su sonrisa maléfica sujeta por unos labios carnosos y sonrosados. 
Ojalá me cogieras en brazos y me llevaras a tu habitación. Me sostuvieras por la espalda y me apretaras bien fuerte contra tu pecho. Para poder sentir tu respiración al compás de la mía y morder cada parte de tu cuerpo hasta que haya saciado mi hambre. 
Vamos a jugar a ser dos conocidos que se quieren y se necesitan. Voy a acariciar tu espalda y besarla hasta que amanezca.  

Monday, October 20, 2014

Cafeína 
Diosa de día 
Infierno de noche 
Cafés insólitos por la mañana que acabo reprochándome de madrugada cuando mi mente da vueltas y vueltas y no se concentra en nada y en todo a su vez. 
Querer hacerlo y no hacer 
Fijarse grandes metas y no alcanzar ninguna 
Desear que el tiempo pare y respirar profundamente
Pasear los libros 
Pasear el cuerpo
Liberar tensiones 
Estrechar amistades 
Reírse con-sentido 
Últimamente no tengo sueño, 
sueño con dormir tranquila sabiendo que mañana será un gran día. 


Tuesday, October 7, 2014

Sé que soy profesional en jugar con los sentimientos del sexo opuesto.
Incapaz de querer, incapaz de quererme.
Voy haciéndome a la idea de que la vida va tirando de mí en algunas ocasiones, y en otras en cambio soy yo la que tira. Tiro tan fuerte que tenso la cuerda hasta tal punto de no ceder más.
Quisiera que me abrazaran fuerte y me dijeran el camino a seguir, porque me siento perdida, sin rumbo, con una cosa clara: quiero tener mil vidas, por eso hago teatro.
Quiero tener mil hombres a mi alrededor,
Quiero tener mil pares de zapatos,
Quiero tener mil conjuntos de ropa interior.

Odio esas estrías que se marcan en mis muslos y ya ni siquiera intento tapar.
Odio la forma de mis dientes, amarillentos por el tabaco, apiñonados y mal colocados.
Odio la forma de follar de algunos hombres,
la falta de tacto y de sensibilidad al rozar piel con piel.
Odio coger un libro de Derecho y no concentrarme en lo que leo.
Odio a la gente que no escucha.

Adoro mi impulsividad.
Adoro conocer a personas nuevas, mentes abiertas, llenas de fuego.
Adoro cuando nos fumamos un cigarro y nos contamos nuestras vidas.
Adoro sentirme querida (otras veces no).
Adoro levantarme por la mañana y saber que quieres verme.
Adoro leer una obra y sentirme la protagonista, hacerme con ella, vivirla intensamente mientras imagino mi vida si fuera ella.

No soporto sentir que voy a llorar,
sentir que soy débil y que me pueden tocar más allá de donde yo decida.
No soporto recordar la mayor parte de mi vida pasada.
No soporto no entender absolutamente nada y preguntarme absolutamente todo.
No soporto no saber estar sola.

Monday, October 6, 2014

Puta razón y lo que conlleva.
Puta emoción cuando se censura.
Puta moralidad y estética teorizada.
Puta la que inventó la vergüenza y las apariencias.


Me llamo Lisa, tengo 19 años y me gustan la cerveza y los abrazos
Wiston largo por favor.
Según este informe, tiendo al límite de todo lo que me rodea, evado el criterio de realidad y me gustan las relaciones esporádicas (una forma sutil de llamarme promiscua). No creo vínculos afectivos y...
Sí, esa soy yo. 

Estuve en Francia interna durante año y medio... menos mal que logré escapar de allí. 
Putos gavachos y sus ideas... "estás enferma Lisa, pero eres muy inteligente, y podrás salir de aquí curada". ¿Enferma de qué? Si he llegado aquí ha sido porque la situación era insostenible. 
Yo firmo mi entrada y procuraré firmar mi salida en cuanto encuentre un lugar donde dormir. 
Ver a mi madre todos los días borracha no era plato de buen gusto, puta loca, ella sí que necesita ayuda, pero ya es demasiado tarde.
Nunca se ocupó de mí,
no me preguntó qué tal me iba...
Y así iba, 
descubriendo nuevos mundos yo sola, 
noches bajo las sábanas de extraños;
mañanas bajo la lluvia parisina de vuelta a casa, descalza con los tacones en las manos.

Recuerdo aquél hombre de treinta y dos con el que follé la noche después de salir a bailar al club de siempre.
Tenía una polla de 20 por lo menos, y me dolió; sí, me dolió. 
Le dije que era virgen, menuda mentira.
Me dijo que tenía la boca con los labios más sexis que había visto jamás. Yo quería que se callara... sólo quería tener placer con alguien que aparentaba tener experiencia. En realidad no sé lo que quería. 
Tras el acto, se puso a leer The Economist, como si nada... yo fui a por mi cigarro y miré por la ventana, aquella ciudad iluminada que me estaba apagando. 

Decidí reinventarme así que entré en la facultad de Bellas Artes. 
No iba allí a crear amistades, pero se me hizo difícil no acostarme con el chulito de clase.
Rubio con ojos verdes... qué más da, lo más gracioso es que ¡le desvirginé!  
Maldito inútil que lo único que aspiraba en la vida era a emborracharse todos los fines de semana. 
Follábamos como dos desconocidos que dentro de un coche se vuelven uno para intentar crear un cariño falso y amargo.

Ese año, como todos mis anteriores, no fui constante.
Dejé de ir a las clases y a los exámenes ni me presenté.
Llegó el verano y me puse a investigar sobre algún viaje por Europa: inter-rail para UNO.
Esa es otra historia que ya os iré contando si me apetece.

Sin querer, una tarde, supuse que la vida era demasiado complicada para mí. Que el amor era una fantasía de Disney y que la sociedad no estaba hecha para aceptarme.
Así que las aspirinas y el vodka calmaron mi jaqueca.

Por suerte o por desgracia, me encontraron en el baño de un bar; antes de que ocurriera.
Y ahí empezó todo.
Estabas conmigo mamá, a los pies de mi cama, sobria como nunca, mirándome con pena. 
La psicóloga del hospital me recomendó un lugar en el que cuidaban a gente como yo.
¿Qué le iba a decir a un médico? ¿Que todo lo que sube puede no bajar? ¿Que mi inestabilidad era debida  una vida que no entendía? Que el tiempo puede ir del presente al futuro y del pasado al presente sin saber cómo, pero me ocurría.


Día 10 de Diciembre.
Sola
Ahí estaba yo.
Presente sin presentarme.
Un grupo de chicas cada cual más peculiar me observaba como si hubieran visto un fantasma.
Ni siquiera entendía mi enfermedad. Pero era mi billete de huida de aquel infierno.
Comida y cobijo gratis, ¿qué más podía pedir?
La cosa se complicó cuando el enfermero y yo hicimos buenas migas... y no precisamente de pan.
Solíamos charlar todas las noches en el sofá del pasillo, cuando todos dormían.
Me halagaba con sus adjetivos: eres guapa, inteligente, salvaje... te comerías el mundo si pusieras un poco de tu parte.
Yo sólo quería ser salvaje con él en la camilla de la enfermería.

Y así fue; hasta que le despidieron.

Neus fue acercándose poco a poco a mi umbral de soledad, y me hacía reír.
Sí, reía en aquella casa alejada de la civilización, 
y por una vez no era una sonrisa fingida.
Nos reíamos de la preponderante nariz de la Dra. Reina, De los pelos de oveja de la Dra. Reig y del pollón que debía tener el Dr. Danielle.

Pasaron los meses y los vínculos se estrecharon, tenía amigas. 
Montábamos fiestas nocturnas en la habitación, con tequila y bailes sensuales en ropa interior.
Una noche decidí que ya era hora de emprender de nuevo mi vida. 
Despojarme del pasado y olvidar aquellos abusos de hombres que en realidad eran mierda pura. 

Hoy quiero hablar dije en la sesión. Soy Lisa y quiero curarme.




Nadie supo nunca la gran mentira en la que envolví a todos y todas, pero fue mi billete de salida y al fin, 6 meses más tarde: pude firmar mi alta.
Estás curada Lisa, vive tu vida.

Y aquí me encuentro, entre bocetos de diseños de algo que llaman moda y yo procuro no seguir.