Johann Wolfgang Goethe

"Cuán insensato es el hombre que deja transcurrir el tiempo estérilmente."

Tuesday, April 3, 2012

Duras decisiones...

Hay momentos de la noche en los que te sientes hundida,
-estás entre la espada y la pared-.
la persona que más quieres en este mundo ha decidido marcharse si no haces lo que ella cree que debes de hacer.
Tú te ves sin armas para combatir, pero desde luego, sientes que no has hecho nada irresponsable ni vas a hacerlo, como para merecer un ultimatum.
Sin embargo, no dejas de pensar en ella, en cómo se siente,
en ponerte en su lugar; ves su espíritu protector, sus miedos, y que siempre piensa en lo mejor para ti. Que jamás te prohibiría nada que ella no pensase que es lo correcto. Sólo intenta protegerte y hacerte adulta.
Pero ser adulta es una decisión que ella no puede tomar por mí, aunque le duela, aunque le moleste. Es algo que he de ser yo, con mis actos, con mis palabras y con mis demostraciones.

En realidad, el problema llega cuando ya has crecido,
te estás haciendo una mujer,
maduras día a día,
y las decisiones tienes que empezar a tomarlas tú,
por mucho que las personas que te quieren sufran.
"To leave the cocoon" se dice en inglés coloquial;
si tan siquiera ella creyese en mí,
si me diese el voto de confianza que tanto agradecería... entonces ella podría comprobar que nada de lo que antaño sucedió, volverá a ocurrir.

Soy consciente de lo que hago, de lo que debo de hacer, de cómo soy y de cómo quiero comportarme.
Mi esencia, mis elecciones, mi responsabilidad.
Y sobre todo, mis compañías, las elijo yo, y no son precisamente malas ni perjudiciales.

Me gustaría que como yo hago el esfuerzo de ponerme en su lugar, ella comprobase que a mi edad, una joven sólo quiere divertirse de forma natural, unos días fuera de casa y con compañías que ella ya conoce.
Sé que no le agradan, pero no son ningunos delincuentes; ni van a cambiar mi forma de ser.
Me gusta reír, charlar, recordar anécdotas y conocer los cambios en las vidas de las personas que hace más de un año que no saben de mí.
Son sólo cuatro días distintos, en los que los peligros son los mismos (o inferiores) a los habituales en mi vida cotidiana.
Tengo amigos a los que les gusta el cine, el deporte, la historia, la filosofía, el teatro, las excursiones, los coches... y muchos de ellos o más bien TODOS ellos, salen de fiesta y algunos hasta llegan a un estado de embriaguez de vez en cuando. Estudian una carrera, y seguramente tienen un futuro prometedor, pero son jóvenes y se divierten. Yo no me divierto con el alcohol, me divierto cuando elijo lo que quiero hacer y no corro peligros inevitables.



No quiero hacerte daño,
ni quiero que te vayas,
ni siquiera puedo imaginar una vida sin ti a mi lado.
Pero si sucumbo esta  vez, sucumbiré más veces.
Ha llegado el momento en el que te pida disculpas por decidir y
decirte que me voy (con mal sabor de boca), pero con ganas de volver y darte un abrazo ya que no hemos podido despedirnos.
Te quiero llamar, te quiero decir todo lo que hago.
Te quiero y lo sabes; si dudas, es que no me conoces aún.