Johann Wolfgang Goethe

"Cuán insensato es el hombre que deja transcurrir el tiempo estérilmente."

Saturday, March 29, 2014

Tenemos la costumbre de dejar para mañana lo que podríamos hacer hoy.
Sé que es un topicazo pero dejarme que os explique.

Hoy podrías llamar a tu abuelo y preguntarle cómo se encuentra, qué está haciendo en este momento, o incluso hacerle una visita sorpresa.

Hoy podrías eliminar de tu vida a esa persona que se ha convertido desde hace tiempo en el peor mejor amigo que podrías tener. 

Hoy podrías dejarle claro a tu madre que no vas a estudiar derecho porque lo que realmente deseas y quieres con todo tu ser es convertirte en una gran actriz, aunque parezca una locura, es la pura verdad. 

Hoy podrías mirarte al espejo y dejar de ver sólo defectos, sino empezar a focalizar todos aquellos aspectos de tu cuerpo que no te habías dado cuenta pero son hermosos y sólo tú los tienes.

Hoy podrías escuchar la canción que te recuerde a un momento feliz de tu vida y cantarla a grito pelao hasta que se te salten las lágrimas inclusive. 

Hoy podrías sacar a tu perro y no quejarte porque te toca a ti: disfruta del paseo

Hoy podrías no maquillarte y sentirte guapa por ser tú, natural, y con inseguridades como todas, pero ¿qué importa el maquillaje? si lo único que hace es ensuciar tu piel; deja que respire por un día. 

Hoy podrías llamar a esa persona que tienes pensado llamar desde hace tanto y no lo haces por dejadez.

Está claro que hoy es un día como otro cualquiera, pero a lo que me refiero es a que lo fácil es dejar que pase el tiempo y no cambiar las cosas que nos hacen menos felices, aunque no nos demos cuenta. Nos basamos en la excusa de que no hay tiempo, pero ¿si no encuentras tiempo para ser más feliz, quién crees que lo hará por ti?



Hace tiempo que dejé de ser perezosa, y me decidí a tomar decisiones, a creer más en mí y olvidarme del que dirán. 
Valorar a los que realmente importan, y echar de tu vida a los que están sobrando desde hace tiempo.

Ser mujer no es fácil, vivimos constreñidas a lo que la sociedad nos impone de forma taxativa. 
Pero ni el rímel, ni las extensiones, ni las dietas milagrosas van a convencerme de que la mujer es un ser magnífico y no necesita ningún complemento a parte de creer en sí misma para comerse el mundo.

Mi mejor complemento es mi sonrisa, y mi mayor arma, arriesgarme, pese al miedo, siempre hay algo inesperado por lo que merece la pena arriesgar.