Johann Wolfgang Goethe

"Cuán insensato es el hombre que deja transcurrir el tiempo estérilmente."

Thursday, September 8, 2011


Una canción, 
un cartel en la calle, 
una parada de metro, 
una conversación, 
una foto, 
la simple palabra DESEO, me tortura y me agrada dependiendo del momento.  


Un roce,
un abrazo inesperado,
un llanto descontrolado.
Estar a tu lado;
eso es lo que hace que las comisuras de mis labios se estiren como si de una goma infinita se tratase,
mis ojos inesperadamente irradian luz y resplandor,
y cuando me hablas,
sobran esas palabras,
porque no hay nada como poder saber que alguien te desea solo con mirarle a los ojos.
Eramos tú y yo, 
una noche de invierno,
hacía frío y tu piel desprendía un calor extasiador.
Tus dedos entrelazados con los míos, mi mano derecha rozando los lóbulos de tus orejas,
bajaba lentamente hacia tu cuello, y con timidez un beso dulce y placentero plasmaba mi cariño en tu pecho. 
Todo eso se quebró, llegó la primavera arrasadora, y a mí se me marchitó la esperanza, mientras todo lo demás florecía.
Dejé que los recuerdos me comieran por dentro, como una lombriz que cava un foso para encubar sus larvas. 
-AHORA.


Me cuesta levantarme día a día sabiendo que no estás a mi lado y que seguramente (no me gusta la palabra jamás), no lo estarás nunca más.
Mis paseos por la ciudad, 
mis andares por la universidad, 
cualquier conversación, deriva en tristeza escondida, y anhelo reprimido. 
Me digo a mí misma que todo se supera, que nada es imposible, pero los tópicos no me sirven.
Poco a poco veo resultados, a veces sonrío y no es un momento falso, a veces duermo y no tengo pesadillas, a veces tengo ganas de que llegue el día siguiente para hacer algo, pero solo a veces. 
El resto de las veces sigo queriendo encerrarme bajo las sábanas y no salir para poder soñar y soñar sin darme cuenta de que no estoy viviendo una realidad.