Johann Wolfgang Goethe

"Cuán insensato es el hombre que deja transcurrir el tiempo estérilmente."

Tuesday, May 17, 2011


Érase una vez, una adolescente (un tanto extraña), que permanecía todos sus días soñando, desde su pequeña nube de hojalata.
Ella se resguardaba escondida, mirando desde arriba el repulsivo dibujo del mundo que le rodeaba:
lleno de odio, rencor, prejuicios, y sentimientos absurdos, que contaminaban el alma de la gente.
Lo único que quería era vivir sin peligro, le asustaba que descubriesen su fragilidad;
sabía que podían resquebrajar sus sentimientos hasta convertirlos en polvo, y por eso los tenía bajo llave, hibernando.
Un día, decidió abrir esa cajita de algodón, y dejarlos salir poco a poco. Le costaba mucho hacerlos despertar, porque ellos mismos tenían miedo de lo que se pudiesen encontrar.
Sin embargo, mereció la pena que saliesen.
En su camino infinito se encontraron con troles, brujas y brujos, pero también se toparon con algún hada que les dio alas para poder volar, y tocar el cielo. 
Fueron tan sólo unos instantes rozándolo con las yemas de sus más puros deseos, pero, jamás habían imaginado, que esa sensación fuese tan placentera. 
Por eso, decidieron, que por mucho que estuviesen en constante peligro y se hiriesen con facilidad, merecía la pena ser libres.