Johann Wolfgang Goethe

"Cuán insensato es el hombre que deja transcurrir el tiempo estérilmente."

Sunday, October 2, 2011


Aquel día se levantó cansada, como todos los días. Una mañana como todas las demás, sin ganas de nada.
Su cabeza le pesaba, sus brazos eran ladrillos que le colgaban de las extremidades, solo quería acomodarse de nuevo en la cama y hacer como que el mundo no le rodeaba y le ahogaba.
Atrás quedaron sus días de gloria, en los que cualquier imposible se hacía realidad y su lucha diaria le hacía invencible.
Lo había tenido todo y poco a poco, ese universo se desvanecía. Sin razón observable ni probable se había acabado su felicidad.
No tenía motivación alguna ni ganas de sentir, reír, vivir.
Sabía que eso era la segunda etapa de su enfermedad, sufrir en silencio.
Después vendría la etapa que ella adoraba, la que le convertía en alguien particular y fuerte. Activa y extrovertida, ella sabía que cuando estaba bien podía llegar más lejos que nadie. Le gustaba abarcarlo todo, y lo conseguía la mayoría de las veces. Pero todo cansa supongo, y llegaba un momento en el que le gustaba hibernar, para coger fuerzas y volver a caminar (por el agua).